El verano trae días más largos, luz abundante y muchas oportunidades para compartir momentos especiales con tu bebé. Sin embargo, también llega acompañado de altas temperaturas, cambios en las rutinas y nuevos desafíos para su bienestar. Acompañar a un bebé durante el verano implica encontrar un equilibrio entre disfrutar, cuidar y respetar sus ritmos, especialmente cuando se trata de calor, juego y descanso.

El calor y el cuerpo del bebé: entender sus necesidades
Los bebés regulan su temperatura corporal de forma menos eficiente que los adultos. Esto significa que son más sensibles al calor y pueden deshidratarse o incomodarse con mayor facilidad. Por eso, durante el verano es clave observar sus señales: sudor excesivo, mejillas muy rojas, irritabilidad o sueño inquieto pueden indicar que necesita refrescarse.
La ropa juega un papel fundamental. Opta por prendas ligeras, de algodón o lino, que permitan la transpiración. En casa, muchas veces menos es más: un body liviano o incluso solo el pañal puede ser suficiente. Si sales, protege su piel del sol directo con sombreros de ala ancha y busca siempre la sombra.
La hidratación también es esencial. Si tu bebé toma lactancia materna, ofrecer el pecho con mayor frecuencia suele ser suficiente. En bebés más grandes, que ya consumen agua o alimentos, asegúrate de ofrecer líquidos de manera regular, incluso si no los pide.
Juegos de verano: estimulación sin sobrecargar
El verano es una época maravillosa para el juego, pero es importante adaptarlo a las temperaturas. Los momentos más frescos del día, como la mañana temprano o el final de la tarde, son ideales para actividades más activas.

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Los juegos sensoriales cobran especial protagonismo en esta estación. El agua, por ejemplo, es una gran aliada: un pequeño recipiente con agua tibia, juguetes flotantes o simplemente chapotear con las manos y pies puede ser una experiencia divertida y estimulante. Siempre bajo supervisión constante, estos juegos ayudan a refrescar al bebé y a desarrollar su coordinación y curiosidad.
También puedes optar por juegos tranquilos en interiores: leer cuentos, cantar, explorar texturas o mirar libros ilustrados. El calor puede disminuir la tolerancia del bebé a la sobreestimulación, por lo que es importante respetar sus tiempos y detener el juego cuando notes señales de cansancio.
El objetivo no es “hacer más”, sino hacer mejor, ofreciendo experiencias sencillas que se adapten a su estado de ánimo y energía.
Siestas en verano: cuidar el descanso pese al calor
Uno de los mayores retos del verano es mantener buenas siestas. El calor puede dificultar que el bebé concilie el sueño o que logre un descanso profundo. Aquí, el ambiente es clave.
Mantén la habitación bien ventilada, pero evita corrientes de aire directas. Si usas ventilador o aire acondicionado, procura que la temperatura sea agradable y constante, nunca demasiado fría. Una temperatura aproximada entre 22 y 24 °C suele ser adecuada, aunque siempre conviene observar cómo responde tu bebé.
La ropa de dormir debe ser ligera y cómoda. Muchas veces basta con un pijama corto o un saco de dormir de verano. Tocar su cuello o espalda es una buena forma de comprobar si está cómodo: si está sudoroso, probablemente tenga calor; si está fresco, la temperatura es adecuada.
Las rutinas de sueño cobran aún más importancia en esta época. Un baño tibio antes de dormir, luces suaves y una transición tranquila ayudan a que el bebé entienda que es momento de descansar, incluso cuando afuera todavía hay luz o actividad.
Ajustar rutinas sin perder seguridad
Durante el verano, es normal que las rutinas se vuelvan un poco más flexibles: salidas, visitas, viajes o cambios de horario. Esto no es negativo, siempre que se mantengan ciertos anclajes que den seguridad al bebé.
Intenta conservar horarios aproximados para las comidas y el sueño, y repite pequeños rituales diarios que le resulten familiares. Estos momentos previsibles ayudan a que el bebé se sienta seguro, incluso cuando el entorno cambia.
Si viajan o pasan más tiempo fuera de casa, lleva contigo objetos que le resulten conocidos: su manta, su peluche favorito o algún elemento que asocie con el descanso. Estos pequeños detalles marcan una gran diferencia en su capacidad para relajarse.
Disfrutar el verano juntos
Acompañar a tu bebé durante el verano no significa evitar el calor a toda costa, sino aprender a convivir con él de forma consciente. Escuchar a tu bebé, observar sus señales y adaptar el entorno son las claves para que esta etapa sea placentera para todos.

El verano también es una oportunidad para bajar el ritmo, estar más presentes y crear recuerdos sencillos: una siesta compartida, risas durante un juego con agua, paseos tranquilos al atardecer. No se trata de hacer planes perfectos, sino de vivir el día a día con calma y conexión.
Porque cuando el bebé está cómodo, descansado y acompañado, el verano se convierte en una experiencia llena de bienestar, aprendizaje y momentos que quedarán para siempre.
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